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Aprovechando que ando por allí...


La semana pasada recibí una llamada, la llamada de la esperanza, la llamada de la ilusión, la llamada para una entrevista de trabajo...
El lugar de la entrevista era Guadix, una bonita localidad en la provincia de Granada rodeada de espectaculares paisajes de muy diversa índole. Podemos pasar de las espectaculares vistas de Sierra Nevada a la no menos impresionantes Cárcavas del Marchal, pasando por incontables Choperas que en esta época rezuma frescor y verdor. Pero una de las posibilidades más interesantes de esta zona, se encuentra en las faldas de la Sierra Arana, donde el hombre ha adornado estas estribaciones con campos de cultivo de secano salpicados por magníficos ejemplares de encina que en algunas zonas constituyen verdaderos bosquetes típicamente mediterráneos. Esta zona está en esta época inundada por un mar verdoso un mar que se mueve sinuoso al paso del viento, un mar de espigas que aspiran a convertirse en el cereal que de vida a las gentes del lugar. Es sin duda uno de esos paisajes que aunque humanizados y domados tienen un encanto especial, tienen una capacidad de transmitir al observador algo que otros paisajes no pueden transmitir a pesar de ser totalmente naturales. Ese algo no lo puedo describir, solamente puedo decir que este paisaje me enamora...
Entre los diferentes procesos de selección que había que pasar allí en Guadix, había un intervalo de tiempo lo suficientemente grande como para permitirme escapar a este lugar a relajarme y, si las condiciones eran favorables a conseguir alguna instantánea digna de reseñar. Y así, tras una dinámica de grupo y a la espera de la entrevista personal que tendría lugar 6 horas más tarde en ese mismo día, me acerqué a ese lugar.
El día era fabuloso para estar allí, un viento moderado pero suave movía las verdes espigas formando olas que a falta de una costa donde romper, terminaban a los pies de las encinas que salpican el lugar. Un cielo que amenazaba descargar en cualquier momento respetó mi presencia otorgándome una luz extraordinaria y un cielo evocador. La combinación cielo campo me parecía sublime y las encinas aportaban el toque de atención ideal para enganchar al espectador a la imagen final. En este caso una amapola aportaba el toque de color que rompía la monotonía cromática del campo bajo aquella luz...

Verde mar de sueños
salpicado de verdes encinas
en tus olas se refugia la mente
del caminante que respira


Comentarios

  1. Es preciosa. Las amapolas del primer plano le dan una profundidad asombros.

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